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lunes, 13 de octubre de 2014

Selva y una cosa llamada "Perseverancia"

Simon, Creative Commons

Una vez más Selva estaba segura de que no honraba su nombre. Odiaba lo impredecible de la naturaleza, no quería estar a su merced. Y entre picadas de mosquito y pies hinchados de tanto caminar Selva se encontró a punto de tirarse a llorar. 

¿Por qué le dijo que si al abuelo? ¿Por qué acepto su estúpida invitación? Su abuelo hombre de campo era resistente a la inclinación de la montaña. El viejo era un profesional en esto. Ilusamente pensó que la energía de la juventud le ganaría a los años de práctica, si esto era una carrera: su abuelo la estaba ganando. Selva soltó una risa amarga. Era la tortuga le gana al conejo, era humillante.

Y ahí con el brazo apoyado en un árbol ella sintió como las lagrimas querían empezar a salir pero de pronto cogió fuerzas y comenzó a caminar otra vez, decidida a no llorar. Estaba metida en esto, tenia que continuar. Ademas, si permanecía ahí un rato mas, perdería de vista al abuelo.

¨...así fue como murió el ultimo gato de tu abuela, pobre criatura¨

Lo escuchó decir, ahora que estaba cerca de él, al parecer no notó su ausencia. Selva no sabia si sentir alivio o frustración. El viejo a veces se perdía tanto en si mismo que no notaba la necesidad de los demás, pero Selva no estaba segura de querer que el abuelo supiera que ella estaba agotada. Y como para hacerla quedar mal en ese momento saco uno de los gatorades de la funda negra con la que andaba, con una sonrisa de esas que vienen del alma se lo paso a su nieta. Selva no podía verlo a la cara, se sentía avergonzada. No era culpa del abuelo que ella estuviera como estaba, no fue como que él le jugó un truco o algo así. Bebió como pudo, decidida a seguir adelante.

Su abuelo bajo la marcha y la examinaba con cuidado. ¿Se habrá dado cuenta de que ella no era fuerte? Se puso nerviosa.

"Mmm.. papá, ¿cuanto falta? Ehh... no es que me importe mucho".

"Falta algo, Selva. Nada que tú no puedas vencer." fue lo único que dijo con una calma extraña.

"¿Nada que tú no puedas vencer? La verdad es que el abuelo no me conoce, ojala tenga las fuerzas para cargar conmigo si es que sobrevivo a esto" pensó. Las siguientes horas para mantenerse cuerda, Selva se concentro en su abuelo, seguía cerca de él, a sus espaldas, escuchando sus cuentos por cuarta y quinta vez siempre agregando detalles nuevos. De vez en cuando agarraba una naranja de alguna mata o sacaba un dulce de su mochila. Lo estaba haciendo. Estaba subiendo la montaña. Así transcurrieron las horas.

Y ese día, Selva que nunca terminaba lo que empezaba, subió la montaña.

"¡¿Ves?! ¡Lo has logrado! ¡ESTOY TAN ORGULLOSO DE TI!" lo grito a los cuatro vientos con las manos alzadas, estaba tan emocionado que no se daba cuenta de que le estaba sacando el jugo al gatorade que tenia en mano. Era una escena cómica digna de una risa pero Selva tirada al suelo, era incapaz de hallarle gracia. Estaba procesando lo ocurrido.

"Abuelo ¡no!, no digas esas cosas, si supieras cuantas veces odié estar aquí, cuantas veces soñé con mi casa..." dijo finalmente.

 Ahora sí, las lagrimas salieron. Las dejo llegar y fueron como agua en el desierto.

"Sel, muchacha, ¿sabes por qué me invente este viaje? Porque necesitabas esto, ayer te escuche decir que eras incapaz de terminar algo: no es cierto. Lo que pasa es que te pones demandas muy fuertes. Dudar, querer huir, cansarse... es normal. Esas cosas lo que hacen es preguntarnos: "¿quieres continuar?". Hoy dijiste que sí, en todas esas ocasiones. Perseverancia es la clave. Y es algo que todos podemos desarrollar, ¡si la dejamos crecer!"

Esta vez las lágrimas no vinieron solas, Selva comenzó a reír de alegría. ¡Lo había logrado! Estaba allí en lo alto de la montaña. Viva. Entera. Se sentó y le arrancó de la mano el gatorade al abuelo. Esto había que celebrarlo.

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Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.
Santiago 1:2-4 (NTV)

"Por medio de la perseverancia el caracol llegó al arca." -C. H. Spurgeon

XOXO

viernes, 4 de julio de 2014

Genesaret y una cosa llamada "Gracia"

Guillaume Buret, Creative Commons

“No, no puede ser”  dijo Genesaret con un sincero desconcierto. No podía creer que era la quinta vez que traía libros vencidos a la biblioteca de la universidad. No hay excusas para la primeras cuatro veces pero esta vez estaba segura de estar a tiempo.

“Señorita, la fecha está aquí. ¡Vea!” dijo Ágata, la bibliotecaria de sus más temidas pesadillas.  Ágata era menuda, ni vieja ni joven y siempre vestía formal. Físicamente no lucia intimidante,  pero una vez hablaba era como oír el rugir de un León. Genesaret rogaba en silencio que Ágata no le hiciera una escena.

“Es que es imposible” insistió.

“Señorita, esta excusa de que no vio bien la fecha es diez veces peor que la de “el perro se comió mi tarea”. Debe pagar la mora. PUNTO”.

Genesaret comenzó  a ver los alrededores. ¡Que vergonzoso es esto! Por primera vez estaba agradecida por su greña de león que cubría un 40 % de su cara. Ojala nadie haya escuchado esto, pensó. Por suerte, en las mesas de estudio frente a ella no había nadie. Excepto un chico al fondo muy concentrado en un periódico viejo. No lo reconocía de ningún lado y dejo salir un suspiro de alivio de su boca. El alivio la dejo rápidamente cuando regreso a la realidad de que Ágata esperaba el pago, y de que ella no contaba con el dinero para cubrir su error.

“No se preocupe Ágata que yo me encargo” escuchó Genesaret una voz que le resultaba misteriosamente familiar. ¿De dónde había salido?

¡Pero si era Gregory! El friki asistente del profesor de Historia. Ágata lo miró boquiabierta. "¿A que se refiere Señorito Gregory?"

“A que pagare su cuenta, por supuesto” dijo mientras sacaba su billetera de su bolsillo. Genesaret lo observo con el mismo asombro de Ágata. ¡El escucho todo seguramente! Pensar en esto la puso roja. Quería desaparecer.

“Lo lamento joven pero no estoy de acuerdo con esto, la señorita debe aprender su lección. ¿Cómo lo hará si usted paga? Créame, es la quinta vez que trae los libros con fecha vieja y esta vez quiere negarlo. Tengo muchos años lidiando con libros en manos de una juventud irresponsable que no aprecia su gran valor”. Al parecer Agata no permitiría esto sin una pelea.

“Tenga”. Sonaron las monedas en el mostrador. “Y no se preocupe por eso”. Gregory se dirigió a Genesaret que hasta ahora había guardado silencio, estaba tiesa y mirando al suelo. “Ven”. Ella lo siguió hasta la mesa de estudio en donde estaba antes sentado, Gregory tomó su lugar y Genesaret se sentó en frente. El comenzó a hojear el periódico nuevamente. Genesaret seguía encogida en su asiento abrazando con fuerza su mochila, por un rato se perdió en su mente y cuando regreso ya estaba lista para enfrentar a su salvador, es cierto que fue muy amable con ella pero ¿que había detrás de esto? y... ¿porque no empieza el sermón? La tenia perdiendo el tiempo.

La biblioteca estaba tan silenciosa como podía estarlo un sábado por la tarde.“Jum, jum” aclaró ella su garganta. “¿Que quieres de mi? ¿Que hago?" Nadie hace nada de gratis, pensó y entrecerró los ojos. "Estoy esperando mi lección” dijo temblando.

Gregory la miro a los ojos por un rato largo que por poco llegaba a ser incomodo, y era como si tratara de comunicarle algo, algo que ella no entendía. Volviendo a su periódico dijo sin dejar de verlo “Genesaret, si hay una lección que quiero que aprendas es: GRACIA”.

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La gracia siempre sera mas alta, mas profunda y mas ancha que cualquiera de tus errores. La gracia es para los pobres, pobres en espíritu. Todo lo que debes hacer es recibirla.

viernes, 27 de junio de 2014

La gran historia: segunda parte

Clara Araujo, Creative Commons

La princesa se adaptó al pueblo. Vendió las prendas que llevaba puestas para poder comprar que comer y donde vivir. Todo en ella cambio. Estaba toda aruñada, cubierta por las heridas que el Bosque le había infligido. Para ella eso de princesa era cosa del pasado. Los vagos recuerdos que quedaban se fueron desvaneciendo con los días. Sus vecinos la llamaban Sin-nombre, el nombre perfecto para una chica sin origen, sin familia.

Un día se armó gran revuelo en el pueblo, era más grande de lo usual. Sin-nombre se pregunto qué sucedía. El escándalo venía de la plaza del pueblo. Le preguntó a una  señora que se encontró en la entrada de la plaza que era lo que estaba pasando, esta le dijo: “Un joven llegó hace dos días, vino en busca de su hermana, que supuestamente es hija del Rey "tu-sabes-quien". ¡Despreciable! no ha querido cumplir con nuestras reglas y está… sufriendo las consecuencias”. Sin-nombre no sabía si era curiosidad o qué, pero sintió unas fuertes ganas por ver a este joven.

La multitud se agolpaba para ver el espectáculo. Golpes aquí y golpes allí. Un joven que agonizaba del dolor, y mientras se retorcía usaba lo que le quedaba de aliento para gritar: !Amada! !Amada! !Hermana! !Regresa a casa! A medida que la princesa se acercaba más claras se volvían las palabras y mas penetraban en su corazón de piedra que se deshacía, su corazón comenzó a latir otra vez, y comenzó a recordar. Amada es su nombre. Cuando finalmente llegó poso la mirada en su hermano moribundo y vió en sus ojos amor, el amor de su padre. Reconoció en él las mismas heridas que el bosque le había proporcionado a ella. Se tiró al suelo junto a él, sostuvo su mano. La multitud alrededor estaba conmocionada.

Y ahí ella fue testigo de la acción más cruel y cobarde: uno de los hombres que había golpeado al príncipe, se acerco con una espada envenenada y le hirió en el costado. Amada casi pierde el aliento. El veneno de la espada invadía su cuerpo y lo convertía en roca. Era un proceso lento pero seguro.

“Amada, hermana, regresa a casa. Mi caballo te espera en las afueras del pueblo. Nuestro padre te quiere de vuelta” fueron sus últimas palabras antes de quedar vuelto una estatua.  

Sentada en el suelo junto a su valiente hermano, la princesa era un baño de lágrimas. La multitud dejo de ser multitud en segundos, el espectáculo había terminado.

Beso la mano fría de su hermano y salió corriendo para dejar todo atrás. Y allí con todo el porte de un caballo real la esperaba el gran caballo blanco del príncipe. Con sus ojos cerrados, se aferró al caballo como nunca.  Después de largo rato abrió sus ojos y se dio cuenta de que ya estaban al otro extremo del Bosque extraño.

Reconoció la pared de piedra a cierta distancia, ya estaban cerca. Su padre que observaba por un balcón, al verla, salió corriendo a recibirla. Era algo extraño, ver un Rey corriendo y mas con la fuerza y el entusiasmo con que lo hacia el Rey noble. Al alcanzar a la princesa la lleno de besos y abrazos suficientes para miles de niños juntos. Ella estaba sin habla. “Amada, hija mía, aquí estas” no paraba de decir.

Este sería el “felices para siempre” de esta historia, pero algo entristecía a Amada: su hermano frio, inmóvil, todo gris, tirado en el suelo de un horrible pueblo. “Tu hermano no ha muerto, querida hija, solo duerme” -dijo el Rey mientras sonreía con amabilidad- “Te mostrare algo”.

Juntos fueron a la recamara del Rey, a un rinconcito que tenía una jaula llena de pájaros, eran los pájaros más extraños que Amada jamás había visto en toda su vida. Eran como pájaros carpintero, sus plumas eran de un color gris brillante y en los extremos eran verdes. Y aquí esta lo más sorprendente: sus picos eran de metal. Eran unos pájaros elegantes. El Rey noble abrió la jaula y al instante salieron en fila por la ventana. Era tan increíble la escena que la princesa no se pudo contener, dio saltos y aplaudió.

Estos pájaros carpinteros fueron al rescate del príncipe. Picotearon sin compasión la piedra en la que estaba preso. Los pájaros lo envolvieron. Pedazo a pedazo recuperó la movilidad. Estaba listo para regresar a casa.

El Rey nuevamente observaba por el balcón, esta vez acompañado de su hija. Aspiro profundamente. “Se ha levantado” dijo el Rey mientras envolvía a Amada en sus brazos.

Fin

lunes, 23 de junio de 2014

La gran historia: primera parte

Antonio Cinotti, Creative Commons

Había una vez en un reino muy lejano un Rey noble, más noble que todos los reyes que se hayan conocido juntos. Era tierno y fuerte. Tan tierno que los pajarillos amaban posarse en la ventana de su recamara y tan fuerte que las bestias más salvajes le temían.

Este rey tuvo una hija, y antes de ella nacer ya la amaba, tenia grandes planes para ella. Soñaba con verla gobernar junto a su hermano.Era una niña hermosa, más hermosa que todas las niñas que conoces juntas. Era juguetona y tenía la energía de cien corre caminos.

Un día su padre decidió que ya tenía la edad para jugar sola en el jardín. Le dio todos los detalles del jardín. Le mostró cada rinconcito. Le contó lo bello que era ver las luciérnagas de noche y los colibríes de día. Por ultimo le habló de la puerta de madera que había en la pared de piedra que separaba el palacio del exterior. Cruzarla era el primer paso para salir del reino. Su padre le explicó que podía hacer y deshacer en el jardín pero que en ningún momento abriera la puerta.

Y la princesa jugó, y jugó y luego jugó de nuevo. Y cada día había mundos por explorar, aventuras por vivir,  y energía por consumir. Pero hubo un día diferente a todos estos días, es el día en el que esta historia se torna oscura.

Ese día la princesa jugaba, como siempre, cuando de repente oyó un fuerte picoteo. El sonido no paraba. Comenzó a investigar de donde venia. ¡Era de la puerta de madera! Un pájaro carpintero estaba haciendo de las suyas. Se olvido del carpintero en seguida y comenzó a pensar en la puerta.

Ella quería saber lo que su padre sabia. Ella quería conocer el después de la puerta igual que el. Era curiosidad. Era travesura. Era orgullo.

Abrió la puerta. Titubeo pero salió, salió como quien camina por primera vez. Tenía miedo, cuidaba sus pasos pero luego sintió confianza. No es tan malo después de todo, ¿verdad? Lo terrible de esto es que con cada paso que ella daba, olvidaba. Olvidaba su cama tibia y el festín diario en la mesa. Olvidaba su nombre. Olvidaba como era su padre, ahora le temía como al Cuco. Olvido el amor y ternura de su padre. Se le endureció el corazón.

Si pudiéramos subir a las nubes, tu y yo, y nos sentáramos en una te señalaría el reino del Rey noble, un lugar donde el sol brillaba como nunca, los niños jugaban libremente en las calles y los hombres eran buenos unos con otros. Te mostraría como el jardín estaba justo en el extremo final del reino. Es decir que salir del palacio significaba al mismo tiempo, salir del reino. Después de la pared de piedra, como a unos 20 pasos estaba el Bosque Extraño y en medio del Bosque Extraño estaba el Pueblo Extraño. El Pueblo Extraño era un lugar donde cada quien hacia lo que le parecía, las personas usaban los zapatos en la cabeza y los niños desayunaban soda con dulces. En el Pueblo Extraño todo era tan pero tan feo que al sol no le gustaba pasar por ahí.

Allí odiaban con todo el corazón al Rey noble. Se podría decir que en el Pueblo Extraño solo habían dos reglas: haz solo lo que te parezca hacer y bajo ninguna circunstancia menciones el nombre de ya-tu-sabes-quien. Lo que sucedía era que si en algún momento oían mencionar al Rey Noble, les entraba una comezón en los oídos terrible, se le hinchaban y la comezón se esparcía por su cara, por el cuello y después por todo el cuerpo. Lo odiaban, de verdad lo odiaban.

La princesa decidida a explorar se adentro en el bosque, no sin que antes se rasgara un poquito de la manga derecha del vestido que llevaba puesto. En principio el bosque se veía bonito pero mientras más avanzaba mas lúgubre lucia. Todos los arboles eran altos y oscuros. Algunos estaban secos y los otros cubrían el cielo con sus ramas y hojas. El sol no daba su calor ni su luz. Nuestra exploradora se tropezó en varias ocasiones. Ramas la rasguñaban, y se sentía frustrada, era como si lo hicieran a propósito. Todo lucia idéntico atrás y adelante, no había ningún sendero. Y no era que deseara volver a casa pero tampoco quería seguir en este bosque. Se desplomo en el suelo y se fajó a llorar. Minutos después vio una pequeña luz y se lleno de esperanza: estos árboles no eran todo lo que había. Se armo de valor para seguir adelante. Camino, y camino y al fin llego al pueblo.


Mientras tanto, su padre, quien notó su ausencia, envió guardias reales a inspeccionar. Los guardias encontraron el pedazo de vestido que confirmaba la huida de la princesa. Nunca se había visto al Rey noble tan triste. Estaba devastado y… decidido. Decidido a rescatar a su hija de ella misma. El y su hijo trazaron un plan. El joven príncipe partiría en búsqueda de su hermana. Sabían que sería complicado entrar al Pueblo Extraño. Se iría sin lujos. Sin llamar la atención. No como príncipe, repleto de sus súbditos y con las debidas comodidades. El hermano de la princesa rendiría voluntariamente los derechos que ella desprecio. Se haría uno más.

Continuará...

lunes, 9 de septiembre de 2013

Hablar sin palabras

Milagro es la concepción y nacimiento de Jesús. (Mateo 1:18-25)

Mansedumbre es Jesús, Rey de reyes, dejándose llevar de sus padres José y María. (Lucas 2:41-52)

Paz es Jesús durmiendo en la barca con el mar en plena tormenta. (Marcos 4:35-41)

Celo es Jesús volcando mesas, dando voces. (Mateo 21:12-17)

Obediencia es cada paso de Jesús a la cruz. (Fil. 2:8)

Amar es Jesús colgado de un madero. (1 Juan 4:10)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Choque

Ryan Mcguire, Creative Commons

Tiempo que no podemos calcular llevaba ella mirando fijamente el mostrador hasta que, bueno, sucedió. Levanto su cabeza. Lo miro directamente a los ojos, finalmente. Sus ojos contenían una pregunta. El lo sabia. Antes de poder emitir palabra ella salio corriendo de la tienda. La campana, que colgaba de la puerta,  anuncio su fuga. El corrió tras ella, la alcanzo porque ya se encontraba caminando. La agarro de los hombros, por segundos, queriéndole decir "te ruego que te des la vueltas y me mires". Ella se volteo ofreciéndole una cara sin expresión. Y para su sorpresa y de nosotros el lo que hizo fue abrazarla. El la abrazo. El cálido, fuerte y libre cuerpo de él combatía el paralizado, frío, rígido cuerpo de ella. Si no fuera porque sentía su respiración, hubiera creído que estaba muerta. Y la abrazo, por minutos que parecían la vida. Y mientras sentía que el cuerpo de ella se rendía, se soltaba, el pronuncio las palabras que ella tanto deseaba escuchar: Eres. Suficiente.

Dos palabras que pueden traer una muerta a la vida.


Porque en el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en el, que es la cabeza de todo principado y potestad. Colosenses 2:9-10

"...solo nos arriesgamos a dar un paso cuando estamos descansando en el amor de Dios. Cuando hemos recibido su veredicto en nuestras vidas... que somos escogidas y profundamente amadas. Que El nos encuentra cautivantes. Entonces somos libres para ofrecer" - Stasi Eldredge (en el libro Cautivante)

Esta ilustración fue inspirada de manera especial en la canción Oh my dear de Tenth Avenue North.

jueves, 30 de mayo de 2013

Nube de colores

Hola. Les tengo otro e-book, esta vez es una historia que tenia guardada. Es de tres amigos con los que puede que te identifiques. Y es como una de esas ilustraciones pero en una versión mucho mas larga que un blog post.

Te daré el prefacio para despertar tu curiosidad:

"Este es el breve relato de el antes y después compartido de 3 vidas. Amigos que presenciaron, en un terreno tan verde como solitario algo, sin precedentes.

Es la historia de María una chica que piensa y siente profundamente, y que esta buscando el sentido de la vida.

Es la historia de Carlos un pensador ahogado en la rutina, lleno de sed por lo extraordinario.

Es la historia de Daniel el músico que encuentra que vive sus mas anhelados suenos, y al mismo tiempo sus mas temidas pesadillas.

Y es la historia de como una nube era la respuesta a sus problemas."

 Leelo y dejame saber que crees.


Aquí esta el libro.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Sol y luna

La abuela sostenía tiernamente a Tea cuando dijo la muy gastada frase: "llego la hora de tu cuento". 

Ella continuó...

"¿Te has preguntado alguna vez porque existe el día y la noche? Pues hoy lo sabrás...

Hace mucho, mucho, mucho tiempo el universo presencio la mas bella declaración de amor. Era una noche de estrellas estrelladas. ¡No! Un día de intenso calor. ¡No! era ambos. Sol y Luna, cara a cara.


...
Ella dijo: te amo con pecas y lunares.
El dijo: te amo con girones y girasoles.
Ella dijo: te amo con lápiz y papel.
El dijo: te amo con anchura y locura.
Ella dijo: Te amo con días y años.
El dijo: Te amo con sonidos en el silencio.
Ella dijo: Te amo con colores y promesas.
El dijo: Te amo con mi corazón de arándano y los 200 minutos que le robe al Sr. Tiempo.
Ella dijo: Te amo con violeta, con clavel y con destello.
El dijo: Te amo, te amo con cada pelo de mi nariz.


...

¿Qué? ¿Pelo en la nariz? Los ojos de la querida Luna dieron vueltas, le dio la espalda y se marchó...dejando al Sol en un pleno día eterno. No se hablan desde entonces. 

Y fue así como la Luna obtuvo esa fama de "parejera" de la que tan seguras murmuran entre ellas, las estrellas estrelladas. 

Y vemos un día y una noche. Y al Sr. Sueño que te me pide prestada hasta el día de mañana."

Y la abuela entregó a su nieta, no sin antes darle un beso que sello el final de este cuento.

lunes, 27 de agosto de 2012

La casa (Diego)

Windows Observer, Creative Commons
Tambaleo, sorprendido de estar en pie. ¿Como se camina con un corazón agitado?

Entre a la cocina. Cascaras de bananos por todas partes. Era como si estuviera ante un cementerio de frutas amarillas. Supongo que Ava estuvo aquí. 

Bajo nivel de curiosidad. Salgo de la cocina antes de mi segundo pestañeo.

En segundos salgo de la casa. Viento frío. Mi cuerpo le da la bienvenida como puede: tiembla. Mi debilidad sale a la superficie, mi humanidad una vez mas delatada.

Camino no se a donde. Solo se que no me puedo detener: no querer y no poder ahora son uno.

Corro. He llegado lejos, lo se. No preguntes, después de las primeras 4 cuadras he perdido la cuenta. Ignoro mi fatiga. 

Se acabo. No puedo postergarlo mas. Tuve que detenerme a respirar. Me topo con un letrero.

Esta es La casa. La casa de los vagabundos, hijos de nadie, almas que no encuentra su lugar en el mundo.

Me apresuro a entrar antes de que mis piernas me traicionen. Alivio. Hambre y sed son solo recuerdos. Se siente como despertar. Se siente como el comienzo de un nuevo día. Se siente como otra oportunidad.

Es mi deseo permanecer aquí. Ser una columna, ser un banco o ser uno de los cuadros de esta casa.

!!Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!
Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová;

Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.

Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos,

Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos,

Rey mío, y Dios mío.
Perpetuamente te alabarán.


Aun el gorrión halla casa,
Bienaventurados los que habitan en tu casa; 
Perpetuamente te alabarán.

Salmo 84:1-4

martes, 10 de julio de 2012

Cuenta regresiva


10……
Aquí estoy tirada al suelo.
9……
El suelo se siente bien, y en comparación con par de segundos antes: estoy en el paraíso.
8……
Estoy débil, mi energía dijo adiós.
7…..
¿Por qué siguen contando?  ¿Por qué siguen ofreciéndome una oportunidad?
6…..
¿Levantarme? ¿Para qué?
5…..
Me declaro dueña de nada.
4….
La multitud me abuchea, y con medio ojo abierto puedo verlo a él, está mirándome serio.
3….
Oigo su voz: ¡Vamos! ¡Tu puedes! ¡Levántate! ¡Mírame! ¡Mírame!
2…
Y recuerdo. Invade mi memoria su amor. Recuerdo quien soy. Recuerdo porque estoy aquí. Y aun más importante recuerdo que no estoy sola.
1…
Eso de que "él multiplica las fuerzas del que no tiene ninguna" no es leyenda urbana. Sin pensarlo más, me apodero de mi segunda oportunidad.
0….
Lo que parecía un final se convirtió en comienzo.


Pon tu esperanza en el Señor;

    ten valor, cobra ánimo;

    ¡pon tu esperanza en el Señor!

Salmo 27:14

lunes, 7 de mayo de 2012

A mi princesita

Split Shire, Creative Commons
Es hermosa.
Corona hecha de corales sobre su cabeza.
Vestida de flores de papel.
Un par de converse son su calzado.
Es creativa, su forma de vestir la delata.
Lee historias de otras princesitas, luego las comparte conmigo.
Disfruta escribir.
Y le encantan los animales, los cuida con esmero.
Nos tomamos de la mano y dividimos nuestros miedos para que se hagan mas pequeños,
y que al mismo tiempo nuestro coraje se multiplique, porque estamos juntas.
¡Oh! y como quiero que al igual que yo ella ponga su confianza en el Rey,
ese Rey que vela por nuestro sueño y nos valora mas que todo el oro que te puedas imaginar.
Mi princes-ita, mi herman-ita. Ita.


martes, 24 de enero de 2012

Las ilustraciones: uniendo sentimientos con imagenes

Ya van como tres entradas que yo he querido etiquetar como "Ilustración", y quiero explicar porque.

Lo veo como si se tratara de dibujar una situación que me cause maravilla. Quiero expresar lo que estoy sintiendo, sea respecto a cosas que yo estoy viviendo o historias sobre otras personas (estoy pensando en utilizar historias de personajes bíblicos).

A veces no encuentro otra forma de decir algo y hago esas historias cortas. Me divierte mucho y me sirve como descarga cerebral y desahogo emocional. También encuentro que ayuda bastante a que la gente te entienda, el crearles una imagen hace que puedan encontrar un punto común, una pequena unión, un suelo que pisar juntos.

Hace poco escuche a alguien hablar de la depresión así: "la depresión es como un cáncer que empieza como un tumor pequeño que luego se expande por todo tu ser", verdad que se entiende?

La Biblia también habla así: "esperanza que es el ancla del alma", "mi corazón se derrite dentro de mis entrañas", "volaran como las águilas", etc.

La idea de las ilustraciones surgió luego de leer algo similar en el blog de Lauren Chandler, me encanto y se me prendió un bombillo.

"La imaginación es como un músculo. Se hace más fuerte cuando la flexionas."-John Piper

lunes, 23 de enero de 2012

Mar adentro

Picography, Creative Commons

El mar se la esta luciendo ahora mismo. Al principio pensé que simplemente estaba agitado, que algo le preocupaba, sin embargo no es así, esta furioso. Me pregunto si fue que se multiplico el agua y esta tratando de deshacerse de ella, enviándola hacia arriba. ¡Tonterías! Debe ser la tanta sal que me tiene pensando asi.

No le veo fin a esto. Hasta estoy comenzando a dudar haber vivido alguna vez en calma, parece tan lejos, en el pasado, un vago recuerdo, como si fuera otro efecto de mi imaginación ahora llena de sal. ¿Por qué no me tragas mar y terminamos esto de una vez?

¿Qué hacer? ¡¿Qué hacer?! La oscuridad solo es sustituida por neblina durante el día y mi brújula ha perdido la cordura. Si no fuera por la constante luz del faro que me recuerda que algún día llegare a tierra firme, hace rato que le hubiera hecho compañía a mi brújula en su estado de locura.

A pesar de la marea y los fuertes vientos, el barco ha quedado firme. ¿Qué es un barco sin una fuerte ancla como amiga?

Hebreos 6:18-20

Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.


"...hold fast like an anchor in the storm. For your love we will rise and overcome" -Josh Garrels (The Resistance lyrics)

jueves, 8 de diciembre de 2011

Eric, Enide y la fe

Estuve escuchando historias sobre leyendas medievales en Storynory.com y hay una en particular que me impacto mucho, es la historia de Eric y Enide. Quiero compartir con ustedes un fragmento que traduje del Audio script, esta escena es una parte del viaje que ambos emprendieron un meses después de casarse, antes de partir Eric le había puesto por condición a Enide no dirigirle palabra.

"Y así siguió adelante (Enide). Y cuando llegaron a la cima de una colina, Enide miró hacia el río y vio a unos hombres corriendo a esconderse en unos árboles por la vereda. Estaba segura de que eran ladrones y que preparaban una emboscada. Se sintió alarmada y confundida. Eric le dijo que no hablara - y sin embargo, debía advertirle que estaban en peligro. Recordó que en su boda le había prometido amarlo, honrarlo y obedecerlo.

"Yo lo amo", se dijo a sí misma. "Pero si él está siendo testarudo, ¿cómo puedo honrarlo y obedecerlo? Por supuesto que debo advertirle, o moriremos los dos. "

Y así lo hizo. Y él se puso furioso.
"¿No le mande a guardar silencio", le preguntó. "Le doy a usted, una simple orden y es así como usted la guarda!"
"Mi Señor, efectivamente, me dijo usted que no hablara, pero es muy difícil, cuando veo el peligro más adelante."
"Oh mujer sin fe", murmuró"

Al final, en el Audio script, dice exactamente eso mismo en ingles "faithless woman" y esas dos palabras me hicieron detenerme a pensar. Por situaciones en mi vida, me he visto levantando mis puños hacia a Dios y diciéndole: ¿por que? Señor, ¿no te das cuenta de lo que esto traera? ¿para que? y como Enide me encuentro advirtiendole a Dios que hay un par de ladrones en el camino.

Recuerdo una vez decirle a un amigo que yo quería ser Dios porque yo si sabría manejar los detalles de mi vida de forma correcta, el me respondió: "¿Tu sabes lo que le paso a la primera persona que quiso hacer eso?", se que se refería a Satanás y tuve que callar.

Piper define la fe como "una total dependencia en otro", y eso era exactamente lo Eric esperaba de Enide. Y la verdad es que no se como Dios hace que todo "obre para bien" pero llega la calma al recordar que El es sabio (toma las mejores decisiones) y poderoso (todas las cosas a El le sirven, están bajo su autoridad).


Tomado de la galeria de 2dforever.com

Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place. Salmo 115:3

martes, 25 de octubre de 2011

Agonía en la oscuridad

Patryush Lal, Creative Commons

He caminado mucho. Me pregunto si he llegado a algún sitio. El terreno se siente igual. He tratado de mantener mis pies en la misma dirección, y he cuidado con todo lo que soy de que esta vela no se me apague. ¿Sera este momento de analizar o sigo caminando? ¿Todavía se puede considerar esto caminar aunque no te lleve a ninguna parte? Oh! cuanto anhelo los días claros, todo tenia sentido, dirección y propósito, todo encajaba. No habían preguntas sin respuestas ni largas esperas.

Oí su voz, y le creí, salí con lo que tenia, unos cuantos trapos (tal vez quieras llamarle ropa y sabanas) y esta vela que milagrosamente no se extingue. ¿Me pregunto por qué siendo él, "el Padre de las luces" me deja con esta pequeñez? Si pidiera mi consejo le diría que seria recomendable que me diera una mas grande así yo podría llegar mas lejos y mas rápido. Mas recuerdo su majestad terrible (Job 37:22) y me arrepiento, ¿quien soy yo para aconsejarlo? Ademas tal vez sea que estoy exactamente donde el quiere que este.

Tal vez solo necesitamos un poco de luz, luz como de vela para llegar. Luz que hace que el caos sea orden, que el fracaso sea logro, y que el vacío sea abundancia.

"Si tuviereis fe como un grano de mostaza"

No es muy inteligente despreciar algo solo por su tamaño. Quizás no estés donde quieres estar pero te aseguro que no estas donde no quieres estar. El Señor guié tus pasos una vez mas. Amén.

viernes, 27 de mayo de 2011

"Historia de una madre" por Hans Christian Andersen


Este es uno de mis cuentos favoritos!! y lo voy compartir con ustedes por motivo del día de la madres:

Estaba una madre sentada junto a la cuna de su hijito, muy afligida y angustiada, pues temía que el pequeño se muriera. Éste, en efecto, estaba pálido como la cera, tenía los ojitos medio cerrados y respiraba casi imperceptiblemente, de vez en cuando con una aspiración profunda, como un suspiro. La tristeza de la madre aumentaba por momentos al contemplar a la tierna criatura.
Llamaron a la puerta y entró un hombre viejo y pobre, envuelto en un holgado cobertor, que parecía una manta de caballo; son mantas que calientan, pero él estaba helado. Se estaba en lo más crudo del invierno; en la calle todo aparecía cubierto de hielo y nieve, y soplaba un viento cortante.
Como el viejo tiritaba de frío y el niño se había quedado dormido, la madre se levantó y puso a calentar cerveza en un bote, sobre la estufa, para reanimar al anciano. Éste se había sentado junto a la cuna, y mecía al niño. La madre volvió a su lado y se estuvo contemplando al pequeño, que respiraba fatigosamente y levantaba la manita.
-¿Crees que vivirá? -preguntó la madre-. ¡El buen Dios no querrá quitármelo!
El viejo, que era la Muerte en persona, hizo un gesto extraño con la cabeza; lo mismo podía ser afirmativo que negativo. La mujer bajó los ojos, y las lágrimas rodaron por sus mejillas. Tenía la cabeza pesada, llevaba tres noches sin dormir y se quedó un momento como aletargada; pero volvió en seguida en sí, temblando de frío.
-¿Qué es esto? -gritó, mirando en todas direcciones. El viejo se había marchado, y la cuna estaba vacía. ¡Se había llevado al niño! El reloj del rincón dejó oír un ruido sordo, la gran pesa de plomo cayó rechinando hasta el suelo, ¡paf!, y las agujas se detuvieron.
La desolada madre salió corriendo a la calle, en busca del hijo. En medio de la nieve había una mujer, vestida con un largo ropaje negro, que le dijo:
-La Muerte estuvo en tu casa; lo sé, pues la vi escapar con tu hijito. Volaba como el viento. ¡Jamás devuelve lo que se lleva!
-¡Dime por dónde se fue! -suplicó la madre-. ¡Enséñame el camino y la alcanzaré!
-Conozco el camino -respondió la mujer vestida de negro pero antes de decírtelo tienes que cantarme todas las canciones con que meciste a tu pequeño. Me gustan, las oí muchas veces, pues soy la Noche. He visto correr tus lágrimas mientras cantabas.
-¡Te las cantaré todas, todas! -dijo la madre-, pero no me detengas, para que pueda alcanzarla y encontrar a mi hijo.
Pero la Noche permaneció muda e inmóvil, y la madre, retorciéndose las manos, cantó y lloró; y fueron muchas las canciones, pero fueron aún más las lágrimas. Entonces dijo la Noche:
-Ve hacia la derecha, por el tenebroso bosque de abetos. En él vi desaparecer a la Muerte con el niño.
Muy adentro del bosque se bifurcaba el camino, y la mujer no sabía por dónde tomar. Se levantaba allí un zarzal, sin hojas ni flores, pues era invierno, y las ramas estaban cubiertas de nieve y hielo.
-¿No has visto pasar a la Muerte con mi hijito?
-Sí -respondió el zarzal- pero no te diré el camino que tomó si antes no me calientas apretándome contra tu pecho; me muero de frío, y mis ramas están heladas.
Y ella estrechó el zarzal contra su pecho, apretándolo para calentarlo bien; y las espinas se le clavaron en la carne, y la sangre le fluyó a grandes gotas. Pero del zarzal brotaron frescas hojas y bellas flores en la noche invernal: ¡tal era el ardor con que la acongojada madre lo había estrechado contra su corazón! Y la planta le indicó el camino que debía seguir.
Llegó a un gran lago, en el que no se veía ninguna embarcación. No estaba bastante helado para sostener su peso, ni era tampoco bastante somero para poder vadearlo; y, sin embargo, no tenía más remedio que cruzarlo si quería encontrar a su hijo. Se echó entonces al suelo, dispuesta a beberse toda el agua; pero ¡qué criatura humana sería capaz de ello! Mas la angustiada madre no perdía la esperanza de que sucediera un milagro.
-¡No, no lo conseguirás! -dijo el lago-. Mejor será que hagamos un trato. Soy aficionado a coleccionar perlas, y tus ojos son las dos perlas más puras que jamás he visto. Si estás dispuesta a desprenderte de ellos a fuerza de llanto, te conduciré al gran invernadero donde reside la Muerte, cuidando flores y árboles; cada uno de ellos es una vida humana.
-¡Ay, qué no diera yo por llegar a donde está mi hijo! -exclamó la pobre madre-, y se echó a llorar con más desconsuelo aún, y sus ojos se le desprendieron y cayeron al fondo del lago, donde quedaron convertidos en preciosísimas perlas. El lago la levantó como en un columpio y de un solo impulso la situó en la orilla opuesta. Se levantaba allí un gran edificio, cuya fachada tenía más de una milla de largo. No podía distinguirse bien si era una montaña con sus bosques y cuevas, o si era obra de albañilería; y menos lo podía averiguar la pobre madre, que había perdido los ojos a fuerza de llorar.
-¿Dónde encontraré a la Muerte, que se marchó con mi hijito? -preguntó.
-No ha llegado todavía -dijo la vieja sepulturera que cuida del gran invernadero de la Muerte-. ¿Quién te ha ayudado a encontrar este lugar?
-El buen Dios me ha ayudado -dijo la madre-. Es misericordioso, y tú lo serás también. ¿Dónde puedo encontrar a mi hijo?
-Lo ignoro -replicó la mujer-, y veo que eres ciega. Esta noche se han marchitado muchos árboles y flores; no tardará en venir la Muerte a trasplantarlos. Ya sabrás que cada persona tiene su propio árbol de la vida o su flor, según su naturaleza. Parecen plantas corrientes, pero en ellas palpita un corazón; el corazón de un niño puede también latir. Atiende, tal vez reconozcas el latido de tu hijo, pero, ¿qué me darás si te digo lo que debes hacer todavía?
-Nada me queda para darte -dijo la afligida madre pero iré por ti hasta el fin del mundo.
-Nada hay allí que me interese -respondió la mujer pero puedes cederme tu larga cabellera negra; bien sabes que es hermosa, y me gusta. A cambio te daré yo la mía, que es blanca, pero también te servirá.
-¿Nada más? -dijo la madre-. Tómala enhorabuena -. Dio a la vieja su hermoso cabello, y se quedó con el suyo, blanco como la nieve.
Entraron entonces en el gran invernadero de la Muerte, donde crecían árboles y flores en maravillosa mezcolanza. Había preciosos, jacintos bajo campanas de cristal, y grandes peonías fuertes como árboles; y había también plantas acuáticas, algunas lozanas, otras enfermizas. Serpientes de agua las rodeaban, y cangrejos negros se agarraban a sus tallos. Crecían soberbias palmeras, robles y plátanos, y no faltaba el perejil ni tampoco el tomillo; cada árbol y cada flor tenia su nombre, cada uno era una vida humana; la persona vivía aún: éste en la China, éste en Groenlandia o en cualquier otra parte del mundo. Había grandes árboles plantados en macetas tan pequeñas y angostas, que parecían a punto de estallar; en cambio, se veían míseras florecillas emergiendo de una tierra grasa, cubierta de musgo todo alrededor. La desolada madre fue inclinándose sobre las plantas más diminutas, oyendo el latido del corazón humano que había en cada una; y entre millones reconoció el de su hijo.
-¡Es éste! -exclamó, alargando la mano hacia una pequeña flor azul de azafrán que colgaba de un lado, gravemente enferma.
-¡No toques la flor! -dijo la vieja-. Quédate aquí, y cuando la Muerte llegue, pues la estoy esperando de un momento a otro, no dejes que arranque la planta; amenázala con hacer tú lo mismo con otras y entonces tendrá miedo. Es responsable de ellas, ante Dios; sin su permiso no debe arrancarse ninguna.
De pronto se sintió en el recinto un frío glacial, y la madre ciega comprendió que entraba la Muerte.
-¿Cómo encontraste el camino hasta aquí? -preguntó.- ¿Cómo pudiste llegar antes que yo?
-¡Soy madre! -respondió ella.
La Muerte alargó su mano huesuda hacia la flor de azafrán, pero la mujer interpuso las suyas con gran firmeza, aunque temerosa de tocar una de sus hojas. La Muerte sopló sobre sus manos y ella sintió que su soplo era más frío que el del viento polar. Y sus manos cedieron y cayeron inertes.
-¡Nada podrás contra mí! -dijo la Muerte.
-¡Pero sí lo puede el buen Dios! -respondió la mujer.
-¡Yo hago sólo su voluntad! -replicó la Muerte-. Soy su jardinero. Tomo todos sus árboles y flores y los trasplanto al jardín del Paraíso, en la tierra desconocida; y tú no sabes cómo es y lo que en el jardín ocurre, ni yo puedo decírtelo.
-¡Devuélveme mi hijo! -rogó la madre, prorrumpiendo en llanto. Bruscamente puso las manos sobre dos hermosas flores, y gritó a la Muerte:
-¡Las arrancaré todas, pues estoy desesperada!
-¡No las toques! -exclamó la Muerte-. Dices que eres desgraciada, y pretendes hacer a otra madre tan desdichada como tú.
-¡Otra madre! -dijo la pobre mujer, soltando las flores-. ¿Quién es esa madre?
-Ahí tienes tus ojos -dijo la Muerte-, los he sacado del lago; ¡brillaban tanto! No sabía que eran los tuyos. Tómalos, son más claros que antes. Mira luego en el profundo pozo que está a tu lado; te diré los nombres de las dos flores que querías arrancar y verás todo su porvenir, todo el curso de su vida. Mira lo que estuviste a punto de destruir.
Se inclino sobre el pozo y vio pasar imagenes de felicidad, alegria, cuadros rientes; luego espantosas escenas de miseria, luto y desolacion.
Una y otra cosa son la voluntad de Dios-dijo la Muerte.
En lo que miro-dijo la madre con angustia-no distingo lo que a mi hijo se destinaba.
No te lo dire-respondio la muerte-.Pero, te lo repito, entre todo lo que se te ha aparecido, has visto lo que en el mundo espera a tu hijo.
La madre se postro de hinojos, y exclamo:
Te lo suplico, dimelo, era esa suerte horrible que le estaba destinada? No, es verdad? Habla! No quieres responder? Oh! en la duda, llevatelo, que no corra el peligro de sufrir tales desgracias. Le amo mas que a mi misma, a ese adorado inocente. Sea la pena para mi. Llevatelo a reino de los cielos. Olvida mis lagrimas, mis oraciones, olvida cuanto te he dicho y cuanto he hecho.
No te comprendo-dijo la Muerte-. Quieres si o no, volver a tener tu hijo, o debo condurcirlo al lugar desconocido del que no puedo hablarte?
Entonces, la madre, se arrodillo y dirigiéndose al Todopoderoso:
No me escuches-exclamo-, si reclamo en el fondo del corazon contra vuestra voluntad que siempre hace lo que conviene. No me escuches! no me atiendas!
Y agobiada por el pesar dejo caer su cabeza sobre su pecho.
Entonces, la Muerte arranco el pequeño azafrán y fue a llevarlo a los jardines secretos de Dios.
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